"La vida de las mujeres" y su relación con el "liberado" presente

El panorama social que nos presenta Alice Munro demuestra una cultura rural en la que el patriarcado y el machismo son protagonistas del día a día. Nos lo cuenta desde los ojos de una niña perspicaz que busca, entre un mar de prejuicios, pequeñas olas de conocimiento y libertad. Olas que, gracias al esfuerzo de muchas niñas como aquella, poco a poco van llegando a la orila. Ojalá el comentario se pudiera terminar aquí, pero por desgracia el machismo sigue vigente, y no sólo en las zonas rurales. En las ciudades contemporáneas, símbolos supuestamente de liberación y progresismo, el patriarcado sigue presente en cada esquina, en cada poster de publicidad, en cada hombre que lanza un piropo a una joven, en la clase de Lengua del Instituto en la que se estudia a una mujer por cada 20 hombres... La lista podría seguir y seguir. 

Seguimos viviendo en una sociedad marcada por el judeocrsistianismo. Tantos años de represión no pueden ser borrados de un plumazo, por mucho que se intente. En las páginas de la novela observamos una represión sexual soterrada que afecta a todas las mujeres de la obra. Gracias a luchas y más luchas, hoy en día la situación es mucho mejor y el sentimiento de culpa ha ido amortiguándose poco a poco. Sin embargo, las encuestas dicen que la mayor parte de mujeres no se sienten satisfechas con su vida sexual. También dicen que una amplísima mayoría se siente desfavorecida en el mercado laboral por el mero hecho de ser mujer. ¿Que nuevo disfraz a adquirido el patriarcado en nuestra sociedad? No olvidemos que no sólo las mujeres, sino en menor medida también los hombres, sufren de ello.  

Desde que uno es niño, desea sexualmente cosas que no puede tener. Esto provoca sufrimiento, soledad, sensación de no merecer o simplemente tristeza. Cuando el niño se convierte en adolescente, y la consciencia despierta, la lucha entre las represiones y la rebeldía comienza. Es el inicio de una guerra interminable. Una contienda destinada a existir, pues nunca se termina de matar al padre, siempre hay una regla social por encima o una convención que ata al animal que llevamos dentro. Siempre hay un Estado, una ciudad o una ideología que encadena nuestra mente.

Cuando a esta locura represiva que vivimos como sociedad le añadimos que ahora las mujeres tienen derechos, todo se vuelve aún mas enredado. Hace menos de 100 años las mujeres no tenían el poder de elegir a su marido. Además sus opiniones no contaban y su vida amorosa y sexual se limitaba (salvo excepciones) a los deseos de su marido. En la sociedad actual la ley ya no reprime (al menos aparentemente) a la mujer. Tienen los mismos derechos legales que los hombre. Sin embargo, cuando la ley y la fuerza no bastan para reprimir, surgen armas más eficaces: La ley social, el castigo moral, la conquista del sentido común. Quizá un hombre ya no puede decir a su mujer: "Es ilegal que te vayas con otro hombre". Pero si le puede decir: "Es de guarras que te guste otro tío". Quizá un padre tampoco podría decirle a su hija: "Si te follas a alguien fuera del matrimonio, te muelo a palos", pero sí puede decirle: "Las chicas de verdad se respetan y no van acostándose con desconocidos".

 El patriarcado concede privilegios a los hombres desde el comienzo de los tiempos, y ahora no quiere dejar de hacerlo. Cuando el primer troglodita de la Edad de Piedra se dio cuenta que era más fuerte que su hembra, le dio un golpe. Supongo que la troglodita se quedó callada y pensando en que si hacía algo que a él no le gustase, se llevaría otro. Pero el troglodita se dio cuenta de que a base de golpes no siempre podría controlarla. Cuando estuviera de caza, ¿Cómo iba a saber que su hembra no estaba acostándose con otro macho? Entonces se inventó a Dios y le dijo: Si te abres de piernas ante otros, el ser superior te castigará. La troglodita se lo creyó, su hija también, y así de generación en generación hasta que Dios se convirtió en cultura y cultura se convirtió en pintura, teatro y canción. Quien dice Dios dice religión, pero también cualquier regla moral. Nietzsche ya dijo que el Dios de esta sociedad sería muy distinto al anterior. 

La sociedad no sólo te dice que necesitas amor. También te lo especifica: Si eres hombre, necesitas una mujer; y si eres una mujer, necesitas un hombre. Todo lo demás está menos aceptado. Existe un sistema jerárquico que cataloga las relaciones entre personas. En lo más alto, el ideal por excelencia, es ser heterosexual y casado. Siguiendo podríamos encontrar a los heterosexuales solteros y varios escalones por debajo a los homosexuales varones. Aunque peor aún lo tienen las lesbianas. Citando a Rubin: "Las castas sexuales más despreciadas incluyen normalmente a los transexuales, travestís, fetichistas, sadomasoquistas, trabajadores del sexo, tales como los prostitutos, las prostitutas y quienes trabajan como modelos en la pornografía." [Gayle Rubin, Notas para una teoría radical de la sexualidad].

Como conclusión y como muestra de lo incrustado que el machismo se encuentra en nuestra cultura, pongo los siguientes ejemplos:

"Que Coñazo": Algo aburrido

"Esto es la polla": Algo divertido

 "Esto es cojonudo": Algo muy bueno

 "Zorro": Un hombre astuto

 "Zorra": Una prostituta