"Los tiempos hipermodernos" - Gilles Lipovetsky

Entre clase y clase, al tratar el tema de la posmodernidad, me planteba si a día de hoy nos podíamos segur considerando posmodernos. No veía reflejados a personajes como Bob Dylan o Jack Kerouac, iconos de la posmodernidad, en los tiempos actuales. De alguna manera era como si esa etapa de transición en la que unos Dioses habían muerto y otros estaban por nacer hubiera llegado a su fin. Como si la batala entre ideales y valores hubiera tenido ya un vencedor innegociable: El éxito. Al haber nuevos Dioses se acaba el camino, la aventura, el realtivismo... Y vuelve la cotidianidad y la rutina, o quizá no. Los análisis sociológicos son demasiado complejos como para concluirlos en una decena de líneas, pero tengo la impresión de que el personaje de Jack Kerouack en "En el camino" se hubiera bajado del coche temeroso de la incertidumbre y hubiera encontrado alojo en el primer mesías que pasease alrededor. 

Buscando libros que tratasen sobre una posible superación de la posmodernidad, encontré "Los tiempos hipermodernos" . En el libro de Lipovetsky, el autor francés aporta su visión de los tiempos actuales, exponiendo que la sociedad no es ya posmoderna, sino algo más paradógico y marcado por el contraste continuo entre el hedonismo y la ansiedad. 

Según Lipovetsky, aquel hombre posmodernista que valoraba positivamente la irresponsabilidad y lo difuso, ha derivado en el individuo de la disciplina, el cual, conocedor de su individualismo, se autocontrola y autogobierna para a través del trabajo llegar al éxito. La sociedad de hoy en día valora el trabajo duro y es común oir en los medios apologías al esfuerzo y la discplina. El indvidualismo es clave para entender esta situación. El hombre hipermoderno es sumamente ególatra, pues ya no existen grandes valores ideológicos. Vivimos en la era de la subjetividad en relación a las ideas políticas y morales, lo que lleva a los ciudadanos en centrarse más en ellos mismos. Todo ello agravado por un darwinismo social en el que todos son competidores. Antiguamente uno se convertía en héroe cuando luchaba por causas comunes, hoy en día cada uno intenta ser héroe de su propia vida, es decir, en un sistema caótico y sin reglas morales, ser capaz de triunfar, de sobrevivir. 

Lipovetsky no es en absoulto pesimista respecto a este hombre individualista, de hecho valora ciertas cosas en él. Gracias a la cultura de la moda, del culto a lo efímero, la cultura ha dejado de ser un bien en manos de una jerarquía y ahora es completamente parte del día a día de todos los ciudadanos. Hoy en día, cada uno elige como vestir siguiendo sus propios paradigmas estéticos, influenciados por diferentes focos. El hecho de que el hombre hipermoderno se sienta sólo, provoca una búsqueda estresante por el placer, que puede derivar en aspectos positivos según el autor, pues cada uno busca enriquecerse de maneras diverses. Ahora bien, esto tiene tambien aspectos negativos, ya que el hombre hipermoderno está acostumbrado a los placeres rápidos y sencillos. Existe un hiperconsumo constante que no termina por satisfacer a la población, pero al menos la aleja temporalmente del miedo al vacío. 

Si en el posmodernismo predominaba el goce, ahora predomina la angustia. Ya sean reglas morales, sociales o religiosas, los artistas de mediados del siglo XX las repudian y encuentran en lo difuso y desestructurado la manera más grata de vivir. De ahí el amor por las drogas, la música psicodélica y el movimiento hippie. Occidente vivió tiempos en los que efectivamente se había matado a Dios, pero, como profetizó Nietzsche en “Así habló Zaratustra”, nuevos Dioses tendrían que surgir. La raza humana necesita de algo a lo que agarrarse, ideas irracionales que den sentido a nuestra existencia. El hombre hipermoderno sacrifica su familia y felicidad en pos de conseguir un objetivo ficticio. La búsqueda desenfrenada del éxito, en mi opinión, no aporta nada positivo a las personas  de hoy en día, que están llenas de nerviosismo, inseguridad y, sobretodo, miedo al fracaso. Si el éxito es el nuevo Dios, el fracaso es el nuevo demonio.

Lipovetsky diferencia entre dos clases de consumo. El que se daba antaño tenía un caracter social, en el sentido que una persona compraba una determinada ropa o mueble para dar la impresión o certificar que pertenecía a una clase social alta. Se consumía, en último término, pensando en el otro. El autor de la obra piensa que hoy en día prevalece el consumo por el mero placer o satisfación personal, como si tuviéramos miedo a no tener sensaciones nuevas cada día. La venta de medicamentos destinados a el crecimiento de la felicidad es mayor que nunca.

El análisis del autor también toca el femenismo. No en el libro "Los tiempos hipermodernos", pero si en otro libro suyo llamado "La tercera mujer". En él Lipoversky expone como la mujer de hoy en día no reniega de, lo que el llama, "feminidad". Es decir, busca ser autónoma y exitosa laboralmente pero sin renunciar a verse atractiva y femenina. No desea parecerse a un hombre y por lo tanto no lo imita en su estética, cosa que si hacían, en opinión del autor, las antiguas femenistas. El autor también prevee que la dominación laboral que sufren las mujeres seguirá existiendo en un futuro próximo, pues estas conceden mayor importancia que los hombres a los valores privados, como la familia. Según Lipovetsky, la dominación irá desapareciendo, pero muy lentamente.

En mi opinión, si bien el antiguo Dios de la Edad Media provocó la aparición del hombre reprimido, el nuevo Dios está creando el hombre asustado. El miedo (debido a la falta de certidumbre y el sentimiento de estar desprotegidos) parece lo único no ajeno a nadie en esta sociedad. Los pueblos de Europa y América del Norte se sienten solos ante un mundo lleno de nuevos factores como la globalización (que aumenta la competitividad), la crisis económica o la pérdida de poder del Estado a favor de la economía.

Como conclusión, decir que los movimientos populistas de extrema derecha que están creciendo en Europa (Frente Nacional Francés, Extrema Derecha Alemana, bandas que atacan a refugiados) y en Estados Unidos (Donald Trump) son reacciones de pueblos presos del pánico ante un nuevo panorama social carente de las certezas que hubo antaño. Gente que viéndose en una situación desesperada, buscan en el diferente, en el otro, una explicación a sus males. Si el orden ideológico actual propone una brecha tan grande entre perdedores y triunfadores, será de ingenuos esperar que los perdedores no se rebelen violentamente.